Mi experiencia con los libros.

Cada 23 de abril veo en las redes sociales y en varios medios una avalancha de fotos y ofertas para comprar libros. Hay quien se atreve a hacer reseñas e incluso hacer listas de recomendaciones.

Una de mis primeras experiencias con los libros fue de prohibición. En mi casa existían dos enciclopedias adultas, una infantil, y una colección de libros de aventuras y clásicos de la literatura española. Las dos últimas colecciones tenían dueño y yo no las podía coger. ¿Qué niña prefiere leer un tomo de una enciclopedia sobre el relieve de Andalucía antes que Robinson Crusoe?

El hábito de lectura empezó gracias al colegio. Recuerdo que en mi clase de primaria había una colección pequeñita de libros dentro de clase. Estaban sobre una balda de obra en uno de los huecos de la sala. Si terminabas los deberes durante la hora de clase que tocara, podías coger un librito y entretenerte. No recuerdo ningún libro de los que leí, pero sí recuerdo la sensación de poder coger un libro de una estantería. Gracias, Don Joaquín.

En casa éramos 5 personas y ninguna tenía hábito de leer. La lectura ha sido siempre algo que hacer porque tienes que estudiar y nada más. Siendo la hija mayor, si me ponía en un lugar de paso a leer, oficialmente estaba perdiendo el tiempo u ocupando ese tiempo en algo que no era ayudar en casa. Terminé leyendo a escondidas.

En este punto te preguntarás que qué pasa con la biblioteca. En mi pueblo sí que había (y hay) biblioteca, pero a mí nunca me llevaron a la biblioteca, y no la recuerdo como un espacio en el que estar más allá de hacer un trabajo en grupo con tus compañeros de clase.

En toda la historia del instituto me compré los libros de lectura obligatoria y un par más porque me apeteció y porque tenía el dinero. No usé la biblioteca del centro más allá que para estudiar, hacer deberes, o poner cosas en común con compañeros de clase. Todavía conservo estos libros.

A pesar de que hasta aquí mi relación con los libros ha sido bastante escasa y nunca como algo que se hace por placer o se comparte, he terminado en el club de lectura más caro que existe: una filología. Cuando vi la biblioteca de mi facultad lloré. Fue una experiencia completamente nueva. Desde el 2012 uso el material y el espacio de varias facultades pertenecientes a la universidad. Es el único espacio dentro de la universidad donde me he sentido completamente a gusto. Sólo compré de mi bolsillo los manuales de la carrera y algún que otro libro de lectura obligatoria.

Por motivos que no voy a explicar ni aquí ni ahora, hubo un momento en el que me echaban de la universidad. Fue un momento muy duro y una de las cosas que me afectaron más es el no poder seguir haciendo uso de la biblioteca. Además, estando fatal de dinero, los libros más caros que tenía estaban en la lista de cosas que tendría que vender. En este nubarrón negro tenía que hacer algo que me animase, así que fui por primera vez a la biblioteca pública de la ciudad. Con toda la vergüenza del mundo, visité la biblioteca pública para ver las instalaciones, familiarizarme con los espacios, las colecciones y los libros. Al siguiente día me saqué el carnet. Con 23 años. Aclaro que no me avergüenza ir a una biblioteca pública. Me avergüenza porque considero que el carnet es algo que te sacas de niño.

– Buenos días. Me gustaría sacarme el carnet de la biblioteca. No sé muy bien qué tengo que hacer.
– Pero…¿Seguro que no tienes un carnet de alguna biblioteca pública de Andalucía?
– No…Quisiera sacarme el carnet pero no sé qué tengo que hacer.
– ¿Pero te lo han mirado arriba seguro? ¿No tienes carnet?
– No…¿Me podrían decir qué tengo que hacer? Gracias.

Después de pasar la vergüenza, uso la biblioteca pública y la de diferentes facultades con frecuencia. He de decir que una de las cosas que me sorprendieron de la primera es el horario: de 9 am a 9 pm. Si gestionas, has visitado, o tu biblioteca habitual es una pequeña y de pueblo, entenderás mi asombro. Además, el espacio infantil-juvenil y adulto está claramente diferenciado y la oferta cultural es amplia y para ambos grupos. No es una sala de espectáculos con libros, es una biblioteca con oferta cultural. Siempre hay gente y además van a leer. A estar.

Me gustaría agradecer a las bibliotecas públicas su función en el día de los libros. Y avisar a los/as librero/as que la chica que se pierde en la librería soy yo porque no sé estar entre libros si no es con una organización y disposición de biblioteca.

Gracias.

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